Hace mucho tiempo, tuve la oportunidad de comprar uno de estos relojes en un anticuario, López-Linares, que había en el número 6 de la calle del Conde de Aranda de Madrid; el negocio lo llevaban una madre, que vendía muebles ingleses de caoba importantes, y un hijo, que tenía bastante conocimiento de relojes.
Como él me explicó, la calidad de estos relojes dependía básicamente de la calidad de la "máquina París [mouvement de Paris]" y de los motivos decorativos de bronce.
No sé por qué me llaman especialmente la atención estos relojes, quizá por el contraste perfecto entre la madera ebonizada y el bronce, que adorna no solo la arquitectura del reloj, por así decirlo, sino la esfera y el péndulo; llama también la atención el contraste entre el color dorado del bronce y el plateado de la esfera, que en algunos se ha ido perdiendo con el paso del tiempo.
Otra cosa que me llama la atención es que no he sido capaz de encontrar dos relojes iguales; aunque algunos son muy parecidos, sobre todo los detalles decorativos son siempre distintos, lo que nos lleva inevitablemente a preguntarnos si todos fueron distintos, o si los Caillot o los Brocot los produjeron quizá en pequeñas series. Por si fuera poco, el motivo decorativo de la base es igual que el del arquitrabe, pero los tamaños son diferentes; es decir; los broncistas se molestaban en replicar los motivos en tamaños diferentes. Una última pregunta: ¿cuántos de estos relojes se fabricaron en París hacia 1830 y 1840?
Por supuesto, el reloj funciona perfectamente, dando las horas y las medias horas; mi familia suele protestar si dejo abierta la puerta por la noche, pero sospecho que muchas veces no se dan cuenta si oyen las campanadas, que son muy sutiles. Atrasa un poco, pero esto se podría evitar, pues al menos este cuenta con un mecanismo de ajuste, un ingenioso sistema de varillas de diferentes aleaciones metálicas con una rueda, gracias a la cual se puede conseguir una gran precisión; finalmente, la cuerda dura más de diez días.







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